OPTIMISMO:  (Confianza, Esperanza, Entusiasmo, Ánimo)

Actitud y propósito para ver y juzgar las cosas con realismo y en su aspecto más agradable y favorable. El optimismo es un valor que soporta a la caridad en muchas ocasiones y necesario para formar un hogar y para convivir. El optimismo lleva siempre una buena dosis de sentido positivo de la vida; ayuda a los demás a ir adelante. Cada día, un hombre bueno, intenta sobrellevar las dificultades que de por sí trae la vida, sin pretender cargarlas sobre los hombros de los demás, quizá demasiado débiles para tanto peso. Si de verdad quiere a los suyos, procura no ser derrotista, busque lo positivo, el lado bueno de la vida, de las personas, de las cosas y de los acontecimientos. El optimista es aquel que aprende a vivir con un sentido positivo de la vida, a caminar por la acera soleada, tendrá siempre amigos, paz y bienestar en abundancia. En el fondo, todo el mundo querría tener un alma alegre y llena de este espíritu positivo; esta cualidad es tan apreciada como un vaso de agua en el desierto. La persona que sabe ver lo bueno de los demás, tiene un claro espíritu ganador. Del pesimista huyen todos. Su premio es la soledad. El pesimista todo lo ve oscuro, malo, negativo; y con esta actitud, producto no pocas veces de la soberbia, puede originar mucho daño en la vida familiar, en el trabajo, con los amigos, que poco a poco se irán separando de él. Es imposible o muy difícil estar cerca de una persona que todo lo ve oscuro, sin remedio. El pesimismo puede surgir como consecuencia de un fracaso que no hemos asimilado bien, que no hemos incorporado a nuestra vida o no lo hemos aceptado aún. El optimismo es consecuencia de la fe y de la esperanza, no tanto de las circunstancias favorables, de estar sanos, de que las cosas hayan salido bien.

Remedios contra el pesimismo y la falta de esperanza: El primero y principal remedio, es vivir con mayor hondura lo espiritual, al tiempo que nos alejamos de todo lo material que hay en nosotros y en todo lo que nos rodea desde el punto físico. El segundo remedio: tener en cuenta la ayuda de los demás. No estamos solos. Muchos nos aprecian y valoran y si nos dejamos ayudar, encontraremos un firme apoyo para alcanzar nuestros proyectos y salir de esos estados de ánimo pesimistas. Un optimismo así no es dulzón ni perezoso. De una forma u otra estamos ligados a todos aquellos a quienes amamos. Son muchos, también, de quienes recibimos. Nuestra existencia se compenetra con la de los demás y se identifica según sea más o menos lo que se recibe y lo que se dona. Este intercambio, esta compenetración de vida es el gran secreto del encanto que tienen todas las relaciones humanas. Son una fuente de alegría: no estamos solos. En el fondo de todo, dependemos más de lo que pensamos de las personas que cada día encontramos en casa, en la calle, en el trabajo. No estamos aislados y nuestros actos y actitudes causan en todos un efecto positivo o negativo. La Escritura enseña que el hermano ayudado por su hermano es fuerte como una ciudad amurallada, invencible. A través de la realidad invisible de la comunión con los demás, recibimos continuamente bienes que podemos proporcionarlos a otros. Esta certeza alimenta y robustece nuestro optimismo cuando sufrimos o pasamos por dificultades. Falsos optimismos: Hay quien entiende por optimismo confiar en que todo saldrá bien, todo se solucionará a pesar de las objetivas y evidentes realidades que hacen suponer la imposibilidad de lo que desean o intentan. Esto no es optimismo, es quimera y, sobre todo, puede ser pereza, ocio o superficialidad. El optimismo desproporcionado tiene la vertiente falsa y perniciosa de creer que las cosas se pueden solucionar casi solas, y llevan a los que lo padecen a no poner esfuerzo en conseguir metas. El optimismo exagerado puede ser sinónimo de pereza encubierta. O lo que es peor, confiar que las cosas se solucionarán o alcanzarán sin el esfuerzo debido.

Aprender a ser optimista: Todos contamos con capacidad para adquirir una visión positiva sobre la realidad. Quien se descubre pesimista tiene ante sí dos opciones: seguir amargándose la vida o dar un cambio que le permita ver el bien, la belleza, las múltiples perspectivas que ofrecen los días. Sin embargo, es difícil alcanzar esta nueva visión sin la ayuda de otras personas: el pesimista es un ser acongojado al que le parece que todo va mal y seguirá mal, sin remedio. Por esto, una tarea importante es ayudar a nuestros amigos pesimistas a descubrir esa otra cara de la vida que consiste en ver lo mucho bueno que existe, a confiar en las personas, a tener esperanza, a ser activos ante aquello que va mal. Un pesimista necesita un apoyo firme y cercano que le abra una ventana por la que vea todo lo bueno que existe en su persona, en cada situación, en cada persona, en cada lugar. 

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Artículo divulgativo basado en: El libro Pasó haciendo el bien, de Francisco Fernández C., Conferencias del Lcdo. Vidal Schimill de Escuela para padres y en la compilación "El poder de la verdad", de la Universidad de Ansted, E.U.A. historiaybiografias.com. Cuentos y canciones para compartir valores. Ed. de la Infancia. Conócete a ti mismo, Omraam Mikhaël Aïvanhov. Diccionario de la RAE.  Conozca sus fortalezas, T. Rath.  Se autoriza la reproducción del artículo, si se menciona como fuente: datamedbank-ec.com

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