Autocontrol y Salud

 

 

El autocontrol se refiere a la capacidad de la persona para realizar algo con la intención de evitar que sucedan comportamientos no deseados. Es decir, hablamos de autocontrol cuando, por ejemplo, una persona se sienta a estudiar para pasar un examen, aun cuando desea ver televisión o cuando no compra cigarrillos y con eso evita fumar. Un requisito imprescindible para hablar de autocontrol es que la persona no esté bajo ninguna presión exterior que le obligue a actuar de una determinada forma. Por ejemplo, un conductor que aprieta el pedal del freno al ver a un Guardia Civil y unos kilómetros más adelante vuelve a apretar el acelerador, no está realizando ninguna conducta de autocontrol, sino que está evitando una multa inmediata. El autocontrol, no es restringirnos y someternos constantemente a “nuestra fuerza de voluntad” sino más bien, generar una serie de estrategias que nos permitan evitar a conciencia, hacer lo que no deseamos. Cuando hablamos de la famosa fuerza de voluntad nos referimos a algo que “se tiene o no se tiene” y por eso realizamos afirmaciones del tipo: “yo no puedo dejar de fumar porque no tengo fuerza de voluntad”, es decir, consideramos que cuando alguien logra lo que desea, es porque posee algo (la fuerza de voluntad) y si no lo consigue es, sencillamente, porque no la posee. Esta creencia funciona muchas veces como una excusa con trampa ya que si "no tenemos fuerza de voluntad" no podemos controlarnos y, por lo tanto, no es nuestra culpa, ni podemos hacer nada para remediarlo. Sin embargo, más allá de la fuerza de voluntad tenemos una herramienta muy poderosa para manejar nuestro comportamiento y conseguir nuestras metas, el autocontrol. La gran ventaja del autocontrol es que no es algo que se tenga o no, si no que es una habilidad que se puede desarrollar. Todos podemos poner en práctica estrategias de autocontrol, solo tenemos que entrenarnos. Dicho entrenamiento va a ser eficaz en la medida en que consciente y libremente, seleccionemos y ejecutemos aquello que nos permita acercarnos a la consecución de una determinada meta personal o profesional.

Principios fundamentales para ejercitar el autocontrol: Gracias al autocontrol, como ya se mencionó, somos capaces de regular nuestros impulsos, emociones, deseos y acciones; y para lograrlo, se requiere de un conjunto de prácticas que pueden aprenderse y desarrollarse con la experiencia. Las siguientes pautas generales para una regulación emocional sana, las cuales se pueden aplicar a diversas situaciones y así evitar un momento de descontrol propio, son:

1. Si quiere, puede: Lo primero es generar en nosotros mismos un sentimiento de auto-eficacia, es decir, creer plenamente que podemos reparar las emociones negativas cuando surjan, sin dejarnos llevar por los arrebatos de la ira, los bajones emocionales o el nerviosismo inespecífico. Los estudios han demostrado que las personas que creen que pueden reparar sus emociones negativas se manejan mejor en situaciones estresantes, son más optimistas y obtienen, mayor satisfacción personal y familiar; mientras que las personas con baja auto-eficacia suelen manifestar mayores respuestas evasivas, más síntomas depresivos y ansiosos e, incluso, problemas físicos, sociales y de pareja.

2. Analizar cada situación: El siguiente paso es observar y “saber escuchar” los estados de ánimo con exactitud. Consiste en analizar la situación y las emociones que provoca. Es la llamada “introspección”, es decir, reflexionar sobre nuestro estado emocional para adquirir conocimientos sobre las consecuencias de nuestras emociones (pensamientos, sentimientos, actividad fisiológica) y las causas de nuestras experiencias emocionales. Como resultado de este ejercicio, desarrollaremos la habilidad para comprendernos y entender mejor las relaciones consigo mismo y con el entorno.

3. Identifique qué puede regular para evitar impulsos descontrolados: Aquí debemos identificar y discriminar aquellos estados emocionales negativos o positivos que requieren regulación. El conocimiento de las emociones permite desarrollar nuestras propias teorías, de por qué y cómo los estados emocionales surgen en diferentes situaciones.

4. Cree su propia lista de cosas que le hacen sentir relajado y animado:

Enumere una lista de acciones que alivien su estado de ánimo. Por supuesto, éstas variarán en función de si lo que queremos es levantar nuestro ánimo, controlar nuestros impulsos agresivos o disminuir nuestro nerviosismo. De esta manera, estará más preparado para confrontar eventos futuros poco agradables y disfrutar con actividades que le diviertan.

5. Elija sabiamente qué hacer y cómo: Elija aquella táctica que crea que dará mejor resultado en la situación en la que se encuentre. Es conveniente no dejarse llevar por los beneficios rápidos o a corto plazo y sobrepasar mejor las ventajas a largo plazo. No obstante, cualquier estrategia que utilicemos debe cumplir unas condiciones elementales como son el respeto de nuestros derechos y el de los demás, que no implique daño a otras personas y, en muchos casos, que sean social y culturalmente aceptadas.

6. Evalúe si los objetivos propuestos se han cumplido:  Por último, evalúe la efectividad de la estrategia emocional utilizada. Muchas personas reaccionan descontroladamente a sus experiencias cotidianas y luego se lamentan de su actuación. Esta reflexión facilita el funcionamiento personal y social.

Resumiendo: Logrando aumentar nuestro autocontrol, nos permitirá mejorar nuestra salud física, mental o espiritual

 

Artículo divulgativo basado en el Libro "El Autocontrol Emocional", Natalio Extremera y Pablo Fernández.

 

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